Negarse a sí mismo
 
7 de enero de 2012
 
Negarse a sí mismo

Por Fabio Carballo

Este es el tercer campamento de jóvenes de la Iglesia Bíblica Bautista de Suba al que asisto. Agradezco al hermano Diego Lache por la invitación, al hermano Marco Pérez por ofrecerse a traerme en su carro y al pastor Fredy Nieto por la acogida que siempre me ha brindado.

Creo que hace ocho años que no venía a un campamento realizado por esta iglesia, la última vez fue en el 2004. A principios de ese año nació mi hijo David, el cinco de enero exactamente. Recuerdo que el hermano Michael Hart me regaló muchos minutos de su plan de celular para llamar a Diana pues acababa de nacer el niño. En el campamento del año 2004 conocí al hermano Marcos Pérez, él iba de un lado a otro con su almohada y su cobija para encontrar donde dormir porque los jóvenes no lo dejaban con tanto ruido. En ese campamento compartí con el pastor, ahora glorificado, Guillermo Spitaleta.  Fue un buen tiempo, muchos recuerdos y enseñanzas que ustedes me han dejado. Su compromiso, su ánimo, su amor al Señor, su deseo de hacer lo mejor para Dios, son cosas que me inspiran en mi trabajo y que siempre tendré que agradecerles a todos ustedes como iglesia. Recuerdo también que en uno de esos eventos enseñé algo sobre el negarnos a nosotros mismos, a propósito del tema del presente evento.

Nos retiramos a este lugar para reflexionar sobre las palabras de nuestro Señor “tome su cruz cada día”. Las palabras “tome su cruz” están en Mateo, Marcos y Lucas, las palabras “cada día” sólo están en Lucas. Les invito entonces a leer conmigo Lucas 9:23, “Y decía a todos: si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día y sígame”. Para la reflexión que traigo esta mañana quiero que nos concentremos en la frase “niéguese a sí mismo”, y en la idea del versículo 25  “perderse a sí mismo”. Dos frases que parecen antagónicas pero que son paralelas.  

Para empezar, entendemos que según nuestro Señor Jesús, el que se niega a sí mismo no se pierde a sí mismo. Mire el verso 24, “Porque cualquiera que quisiere salvar su vida la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, este la salvará”. Esto nos da otra idea importante para poder entender mejor este juego de palabras, “el que pierde su vida no se pierde a sí mismo”. ¡Posiblemente han quedado más confundidos con esto! El asunto lo resuelve Marcos 8:36-37, “Porque ¿qué aprovechará al hombre si granjeare todo el mundo y pierde su alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma? Entonces, el “perderse a sí mismo” de Lucas es perder el alma.

Combinando Lucas con Marcos concluimos que la vida (perdiere su vida) es el mundo (granjeare todo el mundo). Esto nos habla de nuestras aspiraciones seculares. Por otro lado el alma de Marcos es el “sí mismo” de Lucas. Así, cuando uno pierde su alma se pierde a sí mismo. Esto me lleva a una primera conclusión: cuando uno se dedica solamente a conseguir dinero, a comprar cosas, a obtener ventajas sobre los demás, a buscar el reconocimiento de otros por medio de las riquezas, uno se pierde a sí mismo, uno no es lo que Dios quiere que uno sea. Digamos que uno pierde su yo real.

Seguramente ustedes han escuchado mensajes en los que el predicador dice que no le hagan caso a su “yo”, que le hagan caso a la Palabra, que no le obedezcan a su “yo” sino a la voz del Espíritu, qué dejen a un lado su “yo” y busquen la voluntad de Dios. Eso está muy bien, y no voy a criticar a esos predicadores, pero ellos sólo están hablando del “yo” malo, o sea, del “yo” carnal. Leamos Gálatas 2:20, “Estoy crucificado con Cristo; mas vivo, no ya yo, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí”. Aquí podemos encontrar ese yo malo o yo carnal. Ya no vivo yo, ahora Cristo vive en mí. Así, mis propios deseos y sentimientos, anhelos, esperanzas están muertos. Pero ese es el yo carnal, o sea, los deseos, anhelos, esperanzas, metas que tienen que ver con la carne.

Sin embargo, así como hay un “yo” carnal hay un “yo” bueno, mire Romanos 7:18-21. Si usted nota la palabra “yo” se refiere allí al hombre interior (v. 22) y la palabra “mí” se refiere al hombre carnal. Por eso les digo que hay dos “yos” en el cristiano, el yo que es el hombre interior y el mí que es el hombre carnal, esto incluye nuestros deseos carnales y mundanos.  Entonces, existe también en el cristiano ese “yo” bueno, ese “yo” espiritual que va contra las cosas de la carne.
Retomando el esquema que hice, puedo decirles: aquel que busca granjearse este mundo, ganarse este mundo o salvar su vida en este mundo, pierde su alma o pierde su yo, digamos pierde su hombre interior, pierde su esencia real. Luego, el alma puede ir hacia el lado de la carne o hacia el lado del espíritu. Lo que les quiero decir es que nosotros como cristianos tenemos un lado espiritual el cual Dios quiere utilizar. Cada uno de nosotros tenemos unos sentimientos cristianos particulares que nadie más tiene. Esos sentimientos, ese yo, ese sí mismo es el que nos acerca a Dios. Cultivar ese yo, trabajar en ese yo, darle prelación a esos sentimientos, a esa parte interior, a ese ser espiritual, nos hará ser personas más cercanas a Cristo. Hace un tiempo atrás le dije a una señorita, “Eres una mujer de corazón sencillo eso te hace ser bendición a otros”. Pero si está chica cambia y se dedica conseguir cosas ¿dónde quedará su sencillez de corazón? Me preocupa que la mayoría de los jóvenes a nuestro alrededor no estén cultivando sus sentimientos sino su carnalidad, no están descubriendo su yo bueno, sino su yo carnal. Dicho de otra forma, la gente del mundo está encontrando más su parte mala que su parte buena y nosotros podemos caer en esa trampa.

Yo he sido profesor en Medellín. En medio de las clases estoy hablando con los muchachos y preguntándoles por qué eligieron presentarse a tal o cual carrera, la respuesta normal es por dinero. Yo les doy clases de historia, varios de ellos me preguntan “eso sí da plata”. Yo bien les podría contesto “si quieres plata lo mejor es que te metas en el narcotráfico”. Ellos ya empezaron por un mal camino si lo que buscan de una carrera es que les de plata, pues están alimentando su yo carnal. Si ellos asumen ese riesgo, de meterse en el narcotráfico, lo que va a pasar es que se pierden a sí mismos.

Ustedes están aquí en un campamento de jóvenes disfrutando el presente, pero también tendrán que pensar qué hacer en la vida próxima futura. Ustedes quieren plata, carros, casas y  lujos, eso es una cosa normal, todo el mundo quiere esas cosas. Pero si su vida está consagrada a conseguir bienes, si sus esfuerzos están dedicados a conseguir lujos, riquezas y cosas materiales, ustedes no son auténticos. Ustedes son una mentira, una falsificación. Si un joven sólo está pensando si lo que hace da plata no es un joven real, es una falsificación de lo que Dios quiere que sea. Entonces una persona que muestra a la gente todos sus frutos económicos y hace alarde de las cosas que tiene es una falsificación de cristiano. Yo no le estoy diciendo que no tenga nada y que viva como un mendicante o como un romero, yo lo que le estoy diciendo es que si su mente está, como un buen número de jóvenes, pensando sólo en lo que puede conseguir, usted es un falso.

Una persona cristiana real, auténtica, según el diseño y el plan de Dios será una persona que se concentra en descubrir lo que Dios quiere para él. Nosotros debemos concentrarnos en las cosas intangibles. Retomemos el ejemplo de la chica de corazón simple o sencillo, algunos dirán es una chicha humilde, es muy leal, será una persona muy buena para contratar en un trabajo, pues no está tratando de robarle tiempo al jefe, o robar cosas de la empresa o engañar en sus estudios, etc. Pensemos en un joven al que le gusta ayudar a la gente, será un dador en la iglesia, será un sostén para el pastor, será muy bueno para apoyar a los desanimados. El buen estudiante, el perseverante, al que le piden consejos. Usted debe de ir notando para que es bueno en las cosas espirituales y en eso concentrar sus esfuerzos, seguro por ahí es que Dios quiere que encamines tu vida.

Volvamos a Lucas 9, los versos 26 y 27 nos dicen, “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando vendrá en su gloria y del Padre y de los santos ángeles. Y os digo de verdad que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios”. Estos dos versos nos hablan de los dos tipos de personas a los que nos estamos refiriendo. Por un lado el que se avergüenza de sus palabras, el que quiere ganarse este mundo (esta vida); por el otro, el que no tiene que morir para ver el reino de Dios, el que busca perder esta vida, el que prefiere alimentar su alma. Pero también nos hablan del presente y del futuro. Si lo nota, el futuro tiene que ver con la vergüenza futura y el presente tiene que ver con la bienaventuranza de ver el reino de Dios.

Trataré de decirlo en otras palabras, la persona que decide perder su vida en esta tierra, esto es no concentrar su vida en conseguir dinero, lujos, cosas materiales y deseos carnales, es la persona que verá el reino de Dios antes de morir. Por el contrario, la persona que dedica su tiempo a conseguir todo lo que quiere y todo lo que su carne le pide, es la persona que no puede ver el reino de Dios, si no que en el futuro verá la vergüenza de Dios.

Este antagonismo lo vemos reflejado en Pedro. En Marcos 8:27-38 y 9:1-7. Primero Pedro le dice al Señor, “Tú eres el Cristo” (8:29); después que Jesús empezó a enseñar de sus próximas aflicciones, Pedro le reprende, “Jamás esto te acontezca”. Jesús le dice con el mismo ímpetu, “Apártate de mi Satanás, porque no sabes las cosas que son de Dios sino de los hombres”. Pedro es el típico cristiano que piensa que cuando las cosas van bien es porque Dios así lo quiere, pero cuando las cosas van mal es porque Dios no está allí. El Maestro le enseña, “Si Pedro, yo soy el Cristo, yo estoy por encima de cualquier profeta, yo estoy por encima de Elías, de Juan el bautista, Yo soy el Cristo, el Enviado, El Renuevo, El  vástago de Isaí, el Sol de Justicia, el Nuevo Moisés, El Príncipe de Paz, Emmanuel, El Admirable, El Consejero, el Libertador de Israel, etc. Pero te voy a decir una cosa Pedro, “Es necesario que los hombres me tomen, me arresten y me maten”, entonces Pedro le dice, “No Señor, no puede ser que el Rey del universo se deje hacer estas cosas”.

¡Qué fácil Pedro! qué fácil cambiaste la mirada de Dios por la de los hombres. ¡Qué fácil jóvenes! que fácil para nosotros cuando estamos bien decir que estamos en la bendición de Dios, y alabar a Dios por todas sus misericordias; ¡Qué fácil muchachos! qué fácil para nosotros cuando las cosas van mal apartar la mirada de Dios y ponerla en los hombres. Qué fácil que cuando las cosas no nos salen empezamos a hablar mal de los demás, empezamos a buscar excusas en las demás personas, empezamos a pensar que fue culpa de los demás y no pensamos que si ese es el plan de Dios, debemos seguirlo, que si el plan de Dios para nuestra vida es el sacrificio, es la abnegación, es la templanza, así lo debemos de asumir.

Quiero entonces concentrarme en ¿cómo ver el reino de Dios? Los algunos que vieron el reino de Dios, fueron Pedro, Juan y Jacobo. Él se los llevó a un monte, allí se transfiguró delante de ellos y aparecieron Elías y Moisés hablando con Jesús. Una escena conmovedora sin duda. Leamos ahora los versos 5 y 6, “Entonces respondiendo Pedro dice a Jesús: Maestro, bien será que nos quedemos aquí y hagamos tres cabañas para ti una, para Moisés otra y para Elías otra. Porque no sabía lo que hablaba porque estaba fuera de sí”. Pedro estaba fuera de sí.

A nosotros nos parece que Pedro por fin dijo lo correcto, pero no. Dios el Padre lo reprendió en el versículo 7, “Este es mi hijo amado, a él oid”. Mire Pedro, usted no tiene que escuchar a nuevas cosas de Elías o de Moisés, usted tiene que escuchar a mi Hijo, con eso le basta. Alguien podría decir: Vine al Campamento para escuchar el mensaje del hermano Fabio o del hermano Marcos y del hermano Elkin. Mire usted no tiene que escuchar a ninguno de nosotros para que el reino de Dios esté moviéndose en su vida con poder (v. 9) usted tiene que escuchar a Jesús. Pedro nuevamente se concentró en las cosas de este mundo, en las cosas grandes, poderosas y no en las cosas de Dios. Estaba fuera de sí dice la Escritura, o sea, estaba en su yo carnal, no en su yo espiritual.

Quiero expresarle que aún en las cosas de la iglesia, podemos estar en nuestro yo carnal y no en nuestro yo espiritual, es decir, en lo que Dios quiere, para lo que Dios nos necesite. Miles de excusas podemos plantear, pero el Espíritu Santo no dejará tranquila nuestra mente cuando sabemos que no estamos cumpliendo con el llamamiento hecho por Dios. Qué estoy enfermo, que no tengo dinero, que es muy lejos, que primero quiero prepararme, que estoy con muchos problemas, etcétera. Si en la iglesia estamos con esas excusas para servir a Dios, no podemos ver el poder del reino de Dios, estamos fuera de sí y somos uno falsos, somos cristianos falsos, un remedo de creyentes

Mi mensaje en esta noche entonces es el siguiente: Si estás dedicado a conseguir lo material, a ganarte esta vida, si tu corazón está ahí, no te estás negando a ti mismo y por lo tanto tú yo real, espiritual, está perdido, eres un falso. Y por otro lado, si estás en la bendición de Dios, pero estás ciego con la bendición y piensas más en la bendición que en el dador de la bendición también estás en tu yo carnal y no espiritual. Estamos felices en este campamento, sin música mundana, sin celulares, sin televisores, con amigos creyentes, etcétera, pero si pensamos que es el campamento el que nos cambiará la vida estamos como Pedro fuera de sí. Dios es quien cambia la vida.

Oremos.