Incredulidad
 

Incredulidad

18 de mayo de 2014
Por Fabio Carballo

Revelación 21:7-8.
“El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo. Empero a los temerosos e incrédulos, a los abominables y homicidas y a los fornicarios y hechiceros, y a los idólatras y a todos los mentirosos, su parte será en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”.

Quiero hablar en este día de la incredulidad. La incredulidad es el peor pecado. La Biblia dice que el incrédulo será condenado. Mire Juan 3:36, “El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que al Hijo es incrédulo, no verá la vida; sino que la ira de Dios queda sobre él”. El Señor Jesucristo dice que el incrédulo tiene la ira de Dios sobre él. Eso nos dice que nadie nace creyendo, más bien la gente nace incrédula y después, con los años debe creer en Cristo.  

 

La Escritura nos enseña también que la incredulidad tiene grados, mire Marcos 9:23-24, “Y Jesús le dijo: Si puedes creer esto, al que cree todo es posible. Y luego el padre del muchacho dijo, clamando con lágrimas: Creo, Señor: ayuda mi incredulidad”.  

 

En Hebreos 3:12-13, se nos da a entender que el pecado genera incredulidad. Si usted peca deliberadamente, es una persona más incrédula que la que peca con vergüenza. El pecado lo engañará, debilitará su fe y aumentará su incredulidad.  

Entonces, hay personas más incrédulas que otras. A lo mejor creen ciertas cosas, pero otras no. El mejor ejemplo de incredulidad en la Biblia es Tomás, uno de los doce apóstoles.  

Aprendamos de la incredulidad de Tomás. Este mensaje está dividido en tres partes que tienen que ver con la vida de Tomás. Él creyó de cierta manera, pero al final de su vida recibió ayuda de Dios para poder creer. ¿En qué no creyó Tomás?  

 

1.      No creyó que Jesús es la vida. Juan 11:1-14
Juan 11:16, “Dijo entonces Tomás, el que se llamaba Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros para que muramos con él”.  

 

Este es el momento en que le avisan al Señor que Lázaro está enfermo, el Señor sabía que había muerto y se lo confiesa a sus discípulos.

Es decir, Tomás suponía que iban a morir porque a Cristo lo iban a matar. Él pensaba que también morirían junto con Jesús. Uno diría que era muy valiente, pero estaba preguntándose por la muerte, no por la vida. Uno no sabe si Tomás está hablando de morir con Lázaro o morir con Cristo, pero las dos cosas revelan que estaba preocupado por la muerte y no por la vida.  

La gente piensa que la vida cristiana es muerte, que la vida cristiana es una vida de sufrimientos, que es una vida triste y dolorosa, pero eso no es cierto. Un cristiano es una persona común y corriente que disfruta de la vida de una manera diferente.  

La gente piensa que una parranda, una borrachera, es la vida. La gente piensa que la vida es darle desenfreno a las pasiones en la tierra, ellos dicen “esto sí es vida”. 

 

Recuerdo la primera vez que salí a predicar, tocando puertas. Le dije a un amigo que me acompañara y él lo hizo. Eso fue en el barrio El Mirador de Bello, por allá en 1995, yo tenía 18 años. En la primera casa que tocamos nos salió una mujer de unos cincuenta años, con pantalones cortos (mostrando sus poco atractivas piernas) y camisa sin mangas (mostrando sus flácidos brazos). Ella estaba asustada porque dos muchachos solteros estaban allí parados en su puerta hablándole de la Biblia. Nos invitó a entrar y nos dio algo de tomar, fue muy amable, pero nos decía: “muchachos, ustedes están muy jóvenes para estar en eso, deberían estar bailando y gozando, disfruten la vida, disfruten la vida”. La idea que este mundo tiene de la vida es muy diferente a la idea que Jesús tiene de la vida.   

 

En varias canciones seculares encontramos ese pensamiento:

Soy soltero de Jhonny Rivera dice, “Soy un hombre soltero no tengo compromiso para irme pa´ la calle a nadie pido permiso tengo un corazón grande muy fiel y muy leal, puedo querer a muchas y a todas por igual. Si eso no es vida entonces que es la vida”.  

Otra, más viejita, que cantaba la sonora carruseles: “yo tengo mil amores en mi vida, siempre vivo encantado en los placeres, he de pasar mi vida siempre alegre, ay lolelola, lolelola, siempre alegre. “Como la vida es corta, yo la vivo y gozo con el vino y las mujeres, he de pasar mi vida siempre alegre, ay lo lei lo, lai, lo lei lo lai, lo le lo la”.  

Tal vez la más famosa canción que en la actualidad nos muestra esta idea de vida es Vivir mi vida de Marc Anthony, “Voy a reír, voy a bailar Vivir mi vida lalalalá. Voy a reír, voy a gozar. Vivir mi vida lalalalá”.  

Ahora voy a mi punto: La gente que canta eso es gente espiritualmente muerta. Son personas que piensan que la vida cristiana es aburrida, que es muerte. Allí estaba Tomás pensando que por seguir a Cristo lo iban a matar, o que iba a morir, no sabiendo que estaba frente a la verdadera vida: Jesucristo. Y allí estábamos Hugo Arenas y yo, en 1995, frente a una escuálida mujer, con piernas arrugadas y flácidos brazos, diciéndonos que viviéramos la vida. Dos jóvenes llenos de vida física y llenos de vida espiritual, por supuesto que no nos convenció ni un centímetro.  

 

2.      No creer que Jesús es el camino

Juan 14:5-6, “Dícele Tomás: Señor, no sabemos dónde vas: ¿cómo pues podemos saber el camino?”

El punto aquí es que Tomás está a la deriva. El cree que Jesús los puede dejar solos, el cree que Dios los puede olvidar. Y como piensa eso, muy fácilmente se puede olvidar de Dios.

La gente no conoce el camino. La gente no sabe cómo llegar a Dios, la gente busca en las religiones, pero Dios no es religión, Dios no es un rito.  

Si uno pregunta a las personas por el camino para llegar a Dios, seguramente le dirán que vaya a tal iglesia, o que haga tales cosas. Quizá la mejor respuesta es que busque a Dios, pero no es la respuesta adecuada. Si alguien le pregunta ¿Cuál es el camino para llegar a Dios? ¿Usted qué diría? 

 

Por ejemplo, si está preguntando por el camino para llegar a un pueblo y le pregunta a un hombre y él le dice “debe tomar tal ruta, después seguir por allí, etc. Usted no queda muy satisfecho, entonces le pregunta a otro y este le dice: Busque a este señor, él sí sabe. Intenta con uno más y éste último contesta: “Yo soy el camino”. ¿Qué pensaría? “Ese es un creído, yo busco por otra parte” Y eso le pasa a este mundo. El orgullo del mundo puede con la verdad de Cristo y prefieren buscar su propio camino que seguir al Camino.  

 

Allí estaba Tomás, diciendo: “Señor, no sabemos el camino”. Estaba frente al camino y decía: no sabemos el camino. Y aquí hay gente todavía pensando si este será el mejor camino, si tomar la mano de Jesús será el mejor camino, si seguir las pisadas del Maestro será el mejor camino. Y hay cristianos que van de la mano del Maestro, pero se le sueltan de vez en cuando, pensado que hay otra forma de hacer las cosas. Déjeme decirle, ese orgullo lo lleva a la incredulidad.   

 

3.      No creer que Jesús resucitó

Juan 20:24-25. “Empero Tomás uno de los doce, que se llamaba Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Dijéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”.

No creer que Jesucristo resucito es no creer que él venció la muerte.  

A lo mejor usted piensa que la muerte es lo más poderoso. Hablemos en el lenguaje de los mafiosos. “¿Cómo esconder la evidencia? ¿Cómo arreglar el asunto? Matando, dándole muerte al que nos pone tropiezo”. Hay gente que se cree poderosa por eso, ellos dicen: “Yo tengo ya tres muñecos encima”, “Yo ando con el fuete (el revólver)”. Y ellos piensan que lo más poderoso es la muerte y quien tenga el poder de matar es el más fuerte. Los policías que le entregaron las tres muchachas de La Estrella a un delincuente, pensaron que ese hombre tenía mucho poder, pero vea lo que pasó, ahora todos están en la cárcel y las muchachas están muertas.

La gente aquí en este mundo puede secuestrar, violar, matar, descuartizar, esconder el cadáver en la escombrera de la comuna 13, pero Dios tiene más poder que eso, Él tiene el poder de dar la vida, el tiene el poder sobre la muerte.    

Eso pasó con Cristo, a él lo mataron para que no hablara más, para que no compartiera más ese mensaje, para que todo acabara con su muerte. Pero mire, hoy día estamos aquí en esta iglesia de Copacabana predicando de ese hombre al que mataron, pero resucitó. Él tenía el poder sobre la muerte. Mire 1 Corintios 15:55-57; cp. 15:21-22.  

 

Creo que esto último nos indica que si creemos en el poder de Dios, si creemos que Jesús tiene poder sobre la vida y la muerte, entonces creemos que él podrá hacer lo que quiera, Mire Juan 10:17-18, “Por eso me ama el Padre mío, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie la quita de mí, mas yo la pongo de mí mismo; porque tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”.  

 

No importa la situación que usted esté viviendo, no importa el problema que usted esté pasando, Dios puede hacer algo, Dios puede cambiar eso, el tiene el poder sobre la vida y la muerte. Jesús es todopoderoso.  

Conclusión:
Quiero decir que la incredulidad puede ir en aumento. A lo mejor usted cree que es mejor la vida cristiana que la vida de este mundo. Pero suelta la mano de Cristo de vez en cuando para seguir su propio camino. A lo mejor usted cree que la vida cristiana es mejor que la vida de este mundo y sigue a Cristo, pero no cree que él pueda hacer ningún milagro.  

Usted me dirá, bueno, pero al final Tomás fe salvo. La Biblia dice que ninguno de los que el Padre dio al Hijo se perdió, Juan 17:12. Entonces Tomás, a pesar de todo, fue salvo. Digamos que sí, por la misericordia de Dios, pero mire Juan 20:29, “Dícele Jesús: Porque me has visto, oh Tomás, creíste: bienaventurados los que no vieron, y sin embargo creyeron”.  

 Él fue salvo, pero no fue bienaventurado, no fue feliz.