El creyente en la tormenta
 

 

El creyente en la tormenta

 

Por Fabio Carballo

 

Hace parar la tempestad en silencio; y callan sus ondas

Salmo 107: 29

 

En la Biblia algunos de los fenómenos naturales, lugares o elementos se presentan como ilustraciones de la vida cristiana. Por ejemplo, cuando se habla de los desiertos, en el aspecto espiritual se compara a un cristiano en un desierto, o sea, un momento seco y de ambulante en su vida espiritual; Egipto, representa al mundo; Jesucristo, el sol de justicia; la senda del justo como la luz de la aurora, y así, muchos de los fenómenos, sitios o elementos de la naturaleza tienen su paralelo en la vida espiritual. A esta figura retórica se le llama tipo o alegoría.

 

 

Hoy vamos a hablar de uno de estos tipos del que se habla muy poco. La tempestad o el creyente en la tempestad. ¿Qué puede representar en la Biblia una tempestad?

 

 

 

La mayoría de las veces que la Biblia habla de la tempestad se relaciona con Dios, algunas veces tiene que ver  con una guerra o algo así, pero la mayoría de las veces tiene que ver con Dios (cp. Salmo 50: 3; 83: 15; 107: 29).

 

 

 

Aunque en Jeremías 23: 19 se habla de la tempestad como producto del pecado, cuando se refiere a la vida del creyente tiene que ver más con la prueba (Job 9: 17).

 

 

 

Podríamos referirnos a la tempestad como a un tiempo complicado en la vida del creyente donde le azotan vientos de prueba, pero que tiene una esperanza de salida, como recordando el dicho popular “después de la tempestad viene la calma”.

 

 

 

También en la Biblia vemos básicamente dos tipos de tormentas, la tormenta en la mar y la tormenta en la tierra. La tormenta en la tierra viene acompañada de fuego y la de la mar no. Miremos Hebreos 12: 18, pero en las dos está Dios. El punto es que, en una está Dios mostrando su poder y en la otra mostrará su poder.

 

 

 

Hebreos 12: 18, “Porque no os habéis llegado al monte palpable y que ardía con fuego, y al turbión, y a la oscuridad, y a la tempestad”. Esta es la tormenta en el monte Hored o Sinaí, el lugar donde Moisés habló con Dios (Éxodo 19: 16). Mire las descripciones del momento, truenos, fuego, relámpagos. Parece increíble una tormenta con fuego, pero así fue ésta. Era como si los relámpagos hubieran prendido la montaña, era algo muy aterrador.

 

 

 

Puede, entonces, que ahora usted esté pasando por este tipo de tormenta. Una en la que está buscando la verdad de Dios, una en la que se está acercando a Dios, una en la que por causa de su encuentro con Dios, usted se está apartando de la gente. Esta es la parte que no nos gusta de acercarnos a Dios.

 

 

 

A la gente no le gusta mucho que digamos el acercase a Dios, el buscar de la presencia de Dios, mire Deuteronomio 5: 5, “Y yo estaba entonces entre Jehová y vosotros, para denunciaros la palabra de Jehová; porque vosotros tuvisteis temor del fuego, y no subisteis al monte; diciendo:”.

 

 

 

Algo similar pasó con Elías, él estuvo en una tormenta en 1 Reyes 19.

 

Note las siguientes pautas:

  1. A Elías lo iban a matar por cumplir con la misión de Dios. Yo creo que a ninguno de nosotros nos buscan para matarnos por predicar. Elías huyó de la gente que le buscaba, no huyó de la misión, sino de la gente que lo buscaba para matarlo.
  2. Elías estuvo en el desierto todo un día.
  3. Elías le pidió a Dios la muerte.

Ahora, Dios le habló a Elías en el mismo monte que le habló a Moisés, eso nos indica que Elías buscó el lugar adecuado, parece que el ángel le indicó el camino. Allí, Dios se le manifestó a Elías en medio de una tormenta, pero finalmente le habla en la calma.

 

 

Esta calma, este silbido nos lleva a nuestro versículo del principio, “Hace parar la tempestad en silencio; y callan sus ondas”. La palabra silencio (d@mamah) en este pasaje es la misma que la palabra silbo que sintió Elías. ¿Entiende lo que le digo? Dios calma su tempestad con el silbo (d@mamah), con el silencio.

 

 

 

Esto idea nos lleva a otra tempestad, a la segunda tempestad en la que usted y yo podemos estar, la tormenta en la mar, ¿porqué en la mar? Pues el Salmo 107: 29 se habla del mar. Dios dijo y salió la tempestad. Eso nos remite a Marcos 4: 36-41.

 

 

 

En Marcos 4: 36-41, hay una tempestad y Dios está también con la gente. Pero esta tempestad no es la misma presencia de Dios, sino más bien una manifestación de Dios, un trato de Dios, una prueba de la fe. Es una prueba, tanto que el Señor estaba durmiendo, pero ojo,  Salmo 121: 3; él estaba dormido en el sentido físico, pero estaba despierto en espíritu.

 

 

 

Puede que usted hoy esté pasando por una tormenta espiritual, puede que esté en la tormenta del que se acerca a Dios, que está atendiendo más la verdad y eso cada día trae más problema. Cuando usted está buscando a Dios, sepa que se meterá en una verdadera tormenta, pero espere que pase, que llegue el silbo, la calma y entonces actué en lo que le toca hacer.

 

 

 

Puede que esté en la otra tormenta, en la de la prueba de la fe. Por la que Dios permite que pasen cosas que te atemoricen. O a lo mejor estás en una combinación de las dos. La palabra clave aquí será la confianza. Recuerde que así parezca que él duerme, no es así, si lo llamas, alguna solución te dará. Pero pensemos, ¿qué hubiera pasado si los discípulos no lo hubieran llamado? A lo mejor, el galardón hubiera sido más grande.

 

 

 

Entendamos que este aspecto espiritual, las tormentas son muy importantes en nuestras vidas cristianas. Nos enseñan fe y nos muestras más a Dios. Recuerde que si no son de castigo, Dios mismo las está permitiendo para adecuar nuestra vida. Pero no se desespere, recuerde que él, “hace parar la tempestad en silencio y callan sus ondas”.

 






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